- La Dra. Tania Fleitas alerta de que cada vez se diagnostican más pacientes menores de 50 años y en estadios más avanzados
- El encuentro abordó los síntomas de alarma, el papel de la bacteria Helicobacter pylori y los avances del proyecto VERO

El Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, del Hospital Clínico Universitario de València, ha celebrado una jornada de concienciación sobre el cáncer gástrico dirigida a pacientes, familiares y personas interesadas en conocer mejor esta enfermedad, sus factores de riesgo y las líneas de investigación que se desarrollan en la entidad.
El encuentro se enmarca en el proyecto VERO (Valor pronóstico y predictivo de respuesta del microambiente del cáncer gástrico en personas jóvenes), coordinado por la doctora Tania Fleitas, oncóloga médica del Hospital Clínico y responsable del Grupo de Investigación Traslacional en Cáncer Esofagogástrico de INCLIVA. Desde 2022, esta iniciativa estudia las características del cáncer gástrico en menores de 50 años y organiza talleres en distintas ciudades para divulgar.
La doctora Fleitas abrió la jornada alertando del aumento de casos en personas jóvenes. El cáncer de estómago es el quinto tumor más frecuente a nivel mundial, aunque el décimo primero en España. Como no se trata del tumor con mayor incidencia en esta zona del globo, ningún país europeo cuenta con una estrategia de cribado, como sí ocurre en el caso de mama o colon. A ello se suma que sus síntomas son vagos, lo que puede retrasar el diagnóstico y dificultar el tratamiento.
Uno de los factores más estudiados es la bacteria Helicobacter pylori, con la que puede convivir hasta el 50% de la población. En algunos casos, la infección provoca una inflamación que va dañando la mucosa del estómago hasta degenerarla. La oncóloga citó un estudio que estima que más de 15 millones de personas nacidas en el mundo entre 2008 y 2017 están en riesgo de desarrollar este tumor.
Por ello, subrayó la importancia de frenar la inflamación y, cuando un paciente recibe tratamiento erradicador, comprobar después que la bacteria ha desaparecido. El reto, explicó, es trasladar a la práctica clínica la información ya contrastada sobre qué antibióticos funcionan mejor en cada región y desarrollar herramientas que permitan identificar a las personas con mayor riesgo.
Más allá de esta bacteria, la doctora Fleitas recordó que el cáncer gástrico no tiene una única causa. El sedentarismo, una alimentación pobre en frutas y verduras o el consumo de alcohol también influyen. Aunque en el 10% de los casos se observa agregación familiar, solo entre el 1% y el 3% son hereditarios. La investigación apunta también al papel del microbioma y de otras bacterias, así como a la posible influencia del estilo de vida de la madre antes del embarazo.
A continuación, la doctora Rosana Villagrasa Manzano, del Servicio de Medicina Digestiva del Hospital Clínico Universitario de València, explicó cuándo es necesario realizar una gastroscopia. Entre los síntomas de alarma citó la dificultad o el dolor al tragar, los vómitos persistentes, la pérdida de peso y los signos de sangrado digestivo. También deben estudiarse las personas con factores de riesgo, como los hombres mayores de 50 años con obesidad, fumadores o con reflujo desde hace más de cinco años, y quienes no responden al tratamiento.
La especialista abordó también la dispepsia, un conjunto de molestias en la parte alta del tubo digestivo cuyo origen puede ser orgánico o funcional, y destacó la importancia de una buena historia clínica que recoja el tipo de síntomas, su relación con las comidas y el consumo de fármacos como los antiinflamatorios. Para detectar Helicobacter pylori se emplean la prueba del aliento y el test de antígeno en heces y, tras el tratamiento antibiótico, hay que confirmar que se ha erradicado.
Por último, diferenció los hallazgos endoscópicos que no requieren seguimiento, como la hernia de hiato, la gastritis no atrófica o la úlcera duodenal, de aquellos que sí lo necesitan, entre ellos la úlcera gástrica o los pólipos adenomatosos.
La jornada se cerró con la presentación de las nuevas líneas de investigación del grupo. Los doctores Josefa Castillo, Manuel Cabeza y Alba Aguilar explicaron AIDA, un proyecto europeo que utiliza inteligencia artificial para analizar factores de riesgo asociados a determinados tumores, o el desarrollo de organoides tumorales. Estos pequeños modelos se cultivan a partir de muestras de cada paciente, reproducen las características de su tumor y permiten predecir su respuesta a los tratamientos para elegir el más eficaz.
El laboratorio ha desarrollado organoides de estómago, colon, recto y páncreas, tanto de tejido tumoral como sano. Para obtenerlos, el tejido se disgrega con enzimas y las células se cultivan en matrigel, a la que se añade el medio de cultivo adecuado para que crezcan. El cultivo queda establecido en un plazo de una a tres semanas, lo que permitiría probar los fármacos antes de administrarlos.

El legado de Vero
El proyecto VERO lleva el nombre de una paciente joven de la doctora Fleitas que, convencida de que la investigación era la única forma de avanzar, elaboró unos imanes cuya recaudación donó a esta línea de investigación. Tras su fallecimiento, su familia y sus amistades recogieron el testigo.
Hoy participan en el proyecto 14 centros españoles y el equipo ha obtenido financiación del Grupo Español Multidisciplinar en Cáncer Digestivo (GEMCAD) y de Gilead, para estudiar el impacto pronóstico y predictivo del microbioma y del sistema inmunitario del tumor en pacientes jóvenes con cáncer gástrico avanzado.
Los datos analizados muestran que el porcentaje de pacientes jóvenes ha pasado del 4,48% en el periodo comprendido entre 2000 y 2010 al 18,9% en el periodo entre 2011 y 2020, con un aumento progresivo de los diagnósticos en estadio IV, el más avanzado. Los tumores de las mujeres presentan además un perfil más agresivo y, en el 72% de los casos, de tipo difuso, el más difícil de tratar. El estudio también ha observado una asociación con un mayor consumo de alcohol, bollería, pastelería y dulces.
El cáncer gástrico sigue siendo poco frecuente, pero cada vez hay más casos y se detectan más tarde. Las previsiones apuntan a que la cifra seguirá creciendo hasta 2050 y por eso el equipo insistió en la prevención y los hábitos saludables y animó a las personas asistentes a dar a preguntar y dar a conocer los síntomas en su entorno.
Si quieres ampliar información: https://proyectovero.incliva.es/equipo/